Al Dakar, l'autocaravana és un detall que pot marcar la diferència"

Trece mundiales de trial, cuatro de enduro, seis veces campeona del Rally Dakar en la categoría femenina y un meritorio noveno puesto en la clasificación absoluta. Además de incontables victorias en los campeonatos de Europa y de España, así como diversas medallas en los X-Games. Laia Sanz tiene su vitrina de trofeos tan a rebosar que puede alardear, sin miramientos, que es la piloto de motos más laureada de la historia. Sus logros no se deben solo a un talento innato, sino a horas y horas de sacrificio en las que, como veréis, su autocaravana juega un papel vital.

Laia, ¿Siempre has utilizado la autocaravana en el Dakar?

Al principio no. Los tres primeros años dormía en el camión del equipo, que disponía de literas. Para entonces, el problema era que debíamos ir a comer en el ‘vivac', una zona habilitada por los organizadores del Dakar, y eso me quitaba alrededor de media hora de sueño. En cambio, desde que empecé a utilizar la autocaravana, podía cocinar mi propio desayuno allí mismo. En el rally, cada hora de sueño es crucial, sobretodo en aquellas ocasiones en las que solo dispones de 3 o 4 horas de sueño entre las etapas. 

¿Cuál es y cómo es tu autocaravana?¿La compartes con pilotos o mecánicos?

Es una Laika Ecovip 710. Es bastante aerodinámica y pequeña, y esto nos permite circular a buen ritmo. En la parte trasera cuenta con un garaje muy grande y es ideal para guardar bicis o motocicletas. La cama se encuentra cerca del techo y hay otra encima del garaje. También dispone de un comedor, cocina, baño y ducha. ¡No necesito nada más! En las competiciones de enduro la comparto con los mecánicos, pero en el Dakar duermo sola para descansar bien. Este año hemos viajado dos mecánicos del equipo, Virginia –que es mi responsable de prensa, se encarga de conducirla y de lavar toda la ropa- y yo. 

Se dice que el Dakar de antaño, cuando se disputaba en África, era mucho más exigente que el de Sudamérica, pero aun así dormían en tiendas de campaña…

Sí, bueno, aquello era otro tipo de carrera, otra manera de entender el rally. Antes casi ni se duchaban y vivían mucho más la aventura. El objetivo era llegar a la meta. Ahora es una competición al sprint, con muchos pilotos de altísimo nivel y donde las distancias son mínimas, así que todos los detalles, como la autocaravana, marcan la diferencia, sobretodo en una prueba de 14 días seguidos como el Dakar.

¿Qué es lo que más te gusta de la autocaravana? ¿Es un vehículo preparado para las adversidades del Dakar?

Lo mejor es que no me falta de nada, lo tengo todo en un mismo espacio. Y sin duda la cama es lo que más me gusta… (ríe). Imagínate la sensación de tumbarte en ella después de las kilometradas que realizamos en el Dakar día tras día. Sólo hubo una vez, en un viaje con amigos, en la que tuvimos un pequeño incidente: se inundó por completo porque nos dejamos una ventana abierta y fue un verdadero caos. En una ocasión, durante el Dakar, empezó a llover a cántaros pero pudimos resguardarnos en la autocaravana y cenar allí tranquilamente sin tener que ensuciarnos de barro para llegar al ‘vivac'.

¿Usas la autocaravana fuera de la competición? ¿Algún viaje de placer?

¡Sí! Y me lo paso en grande. A veces me voy tres o cuatro días de vacaciones con amigos y me va de fábula para guardar las bicis. Es una experiencia distinta a la que te puede ofrecer un hotel, por ejemplo. Con la autocaravana puedes parar donde te dé la gana. Puedes disfrutar de cada paraje con mucha más intensidad porque puedes comer y descansar ahí mismo. Es increíble porque además te permite fortalecer vínculos con la gente que te rodea.